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La Colegiata de San Sebastián, Antequera

Desde el inicio de su construcción, allá por el año 1540, hasta los trabajos del siglo XVIII, este templo, situado en la localidad de Antequera, es ejemplo singular de las consecuencias histórico-artísticas y estilísticas de numerosas intervenciones dilatadas en el tiempo. Además, su erección parroquial se vio transformada en el 1622, cuando acogió las funciones colegiales, hasta entonces desarrolladas en Santa María.

Respecto a su autoría, conocemos la actividad del arquitecto Diego de Vergara como director de las obras, tracista de la portada y en actuaciones concretas.

El trazado general, en tres naves separadas por pilares cruciformes y los arcos de medio punto de los primeros tramos, corresponden al diseño primitivo, pero la imagen interior ha sufrido profundas transformaciones desde el siglo XVII, cuando las armaduras originales quedaron ocultas por bóvedas de arista y de cañón, y tanto la capilla mayor como el crucero y su cúpula fueron totalmente rehechos en estilo neoclásico a comienzos del siglo XIX, desapareciendo el retablo mayor de 1622, diseño de Antonio Mohedano.

El coro, levantado en el centro de la nave, ocupa su estructura con una sillería de madera tallada, procedente del convento de San Agustín y sendos órganos barrocos, realizados por Bernardo de Asencio en 1735.

Los estilemas del estilo renacentista aparecen en esta iglesia colegial de un modo embrionario, fundidos con elementos goticistas, a los que habrá que unir los posteriores añadidos barrocos. Así, el efecto exterior de la fachada del edificio es el resultado del ensamble de estos distintos lenguajes y momentos. En la fachada, de trazo rectangular coronado por el piñón de la cubierta, destaca la portada plateresca dividida en tres cuerpos, separados por fuertes lineas de imposta.

En el lado izquierdo de la fachada se alza una esbelta torre de ladrillo, obra destacada del barroco andaluz, diseñada por el alarife antequerano Andrés Burgueño, quien se incorporó al trabajo concluido el primer cuerpo de piedra por Ignacio de Urzueta; el chapitel que corona la pieza se construyó en 1928, viniendo a reemplazar el realizado por Nicolás Mejias en 1722, que sustituyó a su vez otro primitivo.

La riqueza patrimonial de la colegiata malagueña, compuesta de numerosos retablos, esculturas, lienzos, ornamentos litúrgicos, piezas de platería y cantorales, no solo se encuentra reunida en la propia iglesia, sino también en el Museo de la ciudad. En el centro del espacio presbiterial se alza el Tabernáculo, de madera dorada y policromada, que Antonio Mohedano trazará en 1609 para la colegial de Santa María, con un doble templete y emblemas eucarísticos.

Foto Vía: Antonio Martínez