Los Baños del Carmen, parte de la Historia de Málaga

Baños del Carmen

En el este de la ciudad de Málaga, sobre los terrenos que fueron el Monte San Telmo y unos antiguos baños públicos, se encuentra Los Baños del Carmen.

El Balneario fue inaugurado el 16 de julio de 1914, contando con un pabellón central y una zona de baños, dentro de una gran extensión de terreno, lo que sirvió para que dos años más tarde se acometiese la construcción de un embarcadero y una pantalla para proyectar películas, ampliándose con un restaurante y una pista de tenis, en el que se celebró el primer torneo de tenis de Málaga; dos años después se llevó a cabo la realización del primer campo de fútbol de Málaga, que estuvo en funcionamiento hasta 1941 y que acogió los partidos de fútbol del primer equipo de la ciudad. Se dispuso, además, de una grandísima pista de baile, en la que se celebraban conciertos y espectáculos, y se realizaban verbenas, que hicieron famosa y concurridas las noches de verano del lugar.

La creación de este macroespacio viene originado por el movimiento cultural y de ocio surgido de la clase burguesa del siglo XIX que buscaba lugares para su recreo, llevándose a cabo en la ciudad el Parque, la Alameda, los Jardines del Retiro, entre otros; claro que, dada las costumbres y los prejuicios de la época, los hombres y las mujeres debían bañarse por separado, existiendo una línea divisoria, marcada por una estera en tierra y una robusta soga en el mar, al igual que las casetas-vestuarios, aseos y duchas que había por entonces.

Baños del Carmen en la Antiguedad

En la actualidad, Los Baños del Carmen. El Balneario, se encuentra en estado deplorable y salvaje, de semiabandono, y aún así guarda un gran encanto, el encanto de la decrepitud, de lo antiguo, de lo que fue un lugar idílico y elitista y perdura en el olvido y el desamparo.

Existe un proyecto, muy avanzado, de remodelación en el que se adecentaría y adecuaría todo el espacio y se reedificaría el restaurante. Además de su pequeña playa, cuenta con el bar-restaurante (éste sí en funcionamiento), dos pistas de tenis y un pequeño astillero.

El lugar es uno de los sitios más emblemáticos de Málaga, por su privilegiado enclave, junto al mar, con la pequeña playa, de arena oscura y gravilla, y la maravillosa terraza del bar-restaurante, con sus columnas originales, unas mejor conservadas que otras, y algunas destruidas casi en su totalidad, que ahora sostienen un entramado de cañas para resguardarnos del brillante y espléndido sol que nos alumbra, abiertas a la preciosa y encantadora bahía de Málaga.

A todo ésto, hay que añadirle la peculiaridad que lo distingue más aún, ya que en el lugar se congrega un público de lo más variopinto, recogiendo a personas de todas las edades, cultura y nacionalidad, estilos de vestimentas y formas de comportamiento, dándose, con cierta frecuencia, grandes contrastes y situaciones de lo más curiosas, como bien pueden coincidir con gente bañándose en la playa, la terraza llena con personas aceptablemente vestidas, o con bermudas y chanclas, tomándose un refrigerio, cosa que recomendamos encarecidamente, y ver llegar una comitiva de personas sumamente trajeadas con chaqueta y corbata y largos y elegantes vestidos con una pareja de recien casados al frente, o en otro caso, de unas familia con rictus serio y contricto, con las exequias de un ser querido, cuya sepultura final tienen como destino las plateadas y serenas aguas de nuestra mar; otras veces, la amplia terraza ha sido escenario de un mercadillo o de una actuación musical.

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Foto de Marioti-80

Como ya se ha apuntado con anterioridad, la terraza del bar-restaurante ha de ser visitada, cuando al menos, para tomarse una cerveza, un refresco, o una copa, que bien se puede acompañar con algo de comer. La cocina, con prestancia, nos ofrece unos platos sencillos y abundantes, siendo destacable  el cus-cus, la paella (por encargo) o unas raciones de pescaíto frito. El Restaurante cuenta, en su interior, con un amplio salón, especialmente para cuando llega el mal tiempo, en el que se puede celebrar, previa reserva, cualquier tipo de evento que reúna un gran número de comensales. El servicio es muy genuino, pero de buen trato.

No obstante, el momento culmen y más especial, está al caer la tarde y contemplar la puesta de sol. Este momento hay que recibirlo bien preparado, instalarte en la terraza con suficiente antelación, sin prisas, con tu copa a mano, sólo o en compañía, sin estridencias, con la mirada puesta en ese mar plateado y lleno de reflejos, sereno, como dispuesto a recogerse y cerrar el día, hasta que mañana, nuevamente, lo vuelvan a surcar los barcos, los pescadores le saquen los frutos de sus entrañas y los bañistas le alteren su plácido rompeolas, y esperar que por el horizonte comience a ponerse el sol hasta que desaparezca totalmente por detrás de los edificios que hacen de mural a la bellísima bahía, haciendo un despliegue de colores, tonos y sombras que nos embauca y nos insufla unas enormes ganas de vivir.  Cuando este espectáculo ha acabado, sólo puedo decir: ¡Qué Bonito!  y hasta mañana.

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Categorias: Historia, Malaga capital


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