El hundimiento del Gneisenau en Malaga

buque aleman gneisenau

Aquel 16 de diciembre del año 1900 se había levantado muy desapacible. Un fuerte temporal de Levante azotaba las costas malagueñas, y en ellas, en las afueras de la bocana del Puerto de Málaga amanecía fondeado el Gneisenau, un buque alemán de 2843 toneladas, al cual dirigía el comandante Kretchsmann.

Las ordenes que le dieron desde la Comandancia de la Marina malagueña le aconsejaban entrar en el puerto para resguardarse de la tormenta. Lejos de seguir el consejo, el comandante permaneció impertérrito ante los avisos, y a la espera de poder recibir en el barco al Cónsul alemán que estaba de misión en Marruecos. Sin embargo, al poco tiempo, y tras elevar anclas intentando escapar del fuerte oleaje costero, el barco quedó a merced de la tempestad.

Poco aguantó el buque que quedó maltrecho en la bahía. Continuamente golpeado por las olas el barco se vio arrastrado hacia las rocas. Tampoco los botes salvavidas servían de mucho en un momento así, y en Málaga, en la capital, las campanas comenzaron a sonar. En época de tanta tensión como aquella de principios de siglo, aquélla era la señal de que algo grave ocurría en la ciudad.

Atados y como buenamente podían, desde los botes y barcas, muchos malagueños se lanzaron a las aguas para salvar a la tripulación de 470 alemanes. El barco estaba muy cerca de la orilla y toda la ayuda era poca. Algunos se salvaron, pero desgraciadamente 29 marineros alemanes, entre ellos el comandante Kretschmann, murieron aquel día, junto con 12 malagueños que participaron en las tareas de rescate. Los supervivientes fueron alojados en el Ayuntamiento y en las casas de sus propios rescatadores hasta que al fin volvieron a su tierra a bordo del vapor «Andalucía».

El informe de la Marina alemana expuso (resumido):

– 10,42 h.: el Comandante ordenó levar anclas para lejarse lo más posible de la costa.

– 10,50 h.: el buque se descontrola por la falta de presión y por el empuje del viento.

– 10,55 h.: las máquinas se paran mientras la tempestad va en aumento. A merced del mar, el barco es empujado hacia el rompeolas. El comandante pide que todos abandonen el barco.

– 11,05 h.: el Gneisenau se estrella contra las rocas del rompeolas lo que provoca grandes brechas. El agua comienza a entrar. En el interior los fogoneros apagan totalmente las calderas para evitar que exploten. En la borda, hasta treinta hombres saltan hacia las rocas, aunque uno queda atrapado y golpeado entre el barco y las rocas. Otros marineros se empeñan en amarrar el barco al muelle. Muchos se salvan gracias a ésto, pero casi 20 marineros mueren en esos momentos. El barco zozobra continuamente, ladeándose casi hasta el nivel del mar.

– 11,25 h.: el Gneisenau yace hundido en el mar, de donde sólo asoman las velas y los mástiles. El Comandante, el Primer Oficial y el Ingeniero son arrastrados mar adentro. Los hombres luchan como pueden en el agua por mantenerse a flote. Muchos botes se lanzan desde la costa prestos a yudar y sacar a los hombres del agua. 18 marineros más mueren en un bote que es hundido por las olas.

– 16 h. : termina el rescate de los supervivientes. El cabo Krause es el último en ser salvado.

Éste no es sino un extracto de los informes que se presentaron en Alemania para explicar la tragedia del hundimiento del Gneisenau, en el que cabe destacar el número de víctimas que menciona, superior al que luego se ha dado como oficial.

Hoy, un relieve existente en el Cementerio Inglés recuerda los nombres de aquellos 29 marineros alemanes. La reina regente María Cristina concedió el título de «Muy Hospitalaria» a la ciudad de Málaga, honor que desde aquel año esgrime en su escudo. Por su parte, en la memoria de los alemanes quedó la ayuda prestada por Málaga y constancia de ello fue que tras la desgraciada riada del año 1907 en la que murieron 21 malagueños y la ciudad quedó literalmente inundada, la colonia de alemanes que vivía en Málaga, y con el apoyo del emperador alemán Guillermo II hicieron una colecta para la ciudad. Aquellos fondos se dedicaron a la construcción de un puente, tal y como reza en la placa conmemorativa del que hoy es el Puente de Santo Domingo, inaugurado en el año 1909.

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Categorias: Historia


Comentarios (1)

  1. Carmen dice:

    Vaya, dramática historia. Menos mal que tiene también su lado humano, el de la solidaridad de los demás en la tragedia. Ayuda solidaria, además devuelta años después de otra manera, que consuela y emociona, la verdad.

    Pero vamos, que el capitán ya podía haber escuchado las advertencias de los malagueños…

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