Pasando unos días en Málaga

El Puerto de Málaga visto desde la Alcazaba

Igual me consideráis “abombáo”, como se suele decir por estas tierras. Igual es porque no siempre estoy “aliquindoi”.  Lo cierto es que suelo acudir a las webs de reservas de hoteles cuando he de pasar algún fin de semana en un sitio, y aunque intento ajustarme a lo que me dá el bolsillo, nunca me detengo en pensar en otras posibilidades, llámense campings, hoteles rurales o apartamentos privados. Que sí, “cuajaíto perdío”.

Me toca volver a Málaga, mi tierra natal, a la que dejé atrás hace ya unos cuantos años, y es en estos momentos cuando me acuerdo de aquella casa que vendí; cuando me toca “acoquinar”, y “apechugar” con el precio que me ponen por delante.

Es Málaga, me digo. Y yo, por ella… pago. Por volver a probar sus pescaítos en un chiringuito, por ir a Pedregalejo, pasar junto al “Cachalote”, el “Picasso”, el “Tintero” para acabar comiendo, una vez más, en el Merlo…  Espetos, boqueroncitos, adobos, la rosada con su ali-oli, su tinto de verano, y cómo no, la ensalada malagueña, con bacalao y naranja, y a ser posible, que le añadan las huevas.

Por tomarme un “mitad” en el Café Central para descansar los “pinrreles” después de darme un “garveo” por el Parque y la calle Larios, o una infusión, si es que voy “empetáo” comer, en la tetería que hay en San Agustín. Tengo ganas de sentarme en su terracita, y desde allí mirar a mi Manquita, a ese “peaso” Catedral que durante tantos años me vio pasar camino del curro “pal” Ayuntamiento. Y allí, “guannío” de la mucha calor, me quedaré “ennortáo”, pensando en mis años mozos: en los primeros domingos de mes en que aprovechaba para hacer ronda de museos, cuando es gratis. Visitar el Museo Picasso, justo enfrente de la tetería; o su Casa Natal, en la histórica Plaza de la Merced, o el Museo del Vino (del de Málaga, tan dulcecito él y tan rico)… y entonces me acordaré del Cartojal, ese vinillo blanco, dulce y chispeante que me animaba en la feria, de la Plaza del Obispo y de la del Marqués de Larios, donde se ponen las casetas y se baila por malagueñas. Y claro, de mi Semana Santa, de la Tribuna de los Pobres en la popular Carreterías, del paso por el Perchel del Chiquito, de las saetas y de los gritos de “guapa guapa guapa” a la Virgen del Rocío.

Catedral de Málaga

La Catedral de Málaga… ay, mi Manquita

Es Málaga, me digo. ¿y me ando buscando hoteles? ¿pa qué? si me merezco todo un apartamento para mí; un sitio donde pueda moverme a mis anchas, donde me pueda cocinar y desayunar mi mollete de Antequera con aceite y sal y ajo. Esa es la gran ventaja de quedarse en un apartamento: que te puedes encontrar cosas que están “nike” (dicho nike, nada de “naik”). Vamos, niquelados. Con piscina, con terraza, con dos habitaciones o tres o las que te hagan falta, si es que viajas con los pequeñajos, con cocina, con barra americana…. Solo hay que saber buscar, eso sí. Y para eso, ya que está de moda, pues nada, un comparador.

Hundredrooms.com es uno de esos comparadores, pero, en este caso, especializado en apartamentos. Dos millones de apartamentos tiene en total, una “jartá”, que se dice pronto. Y te busca entre cien webs diferentes. “Toa una pechá, amos”. Te metes en la web, pones la ciudad, el número de habitaciones, y listo. Te hace su primera búsqueda, y a partir de ahí, pues a filtrar: que si terraza, que si zona más concreta, que si wifi… Eso sí, hay que tener en cuenta que han de contactar con el propietario, y que siempre te van a confirmar la disponibilidad sobre la marcha. Aunque hasta para eso hay un filtro de reservas inmediatas…

Y ahora, ¿qué? ¿quien me niega ese fin de semana en mi Málaga?

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Categorias: Malaga capital


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