La leyenda de Zamarrilla: una rosa prendida en tu corazón

Trono y Cristo de los Milagros

Aún recuerdo cuando paseaba cogido de la mano de mi padre por la calle Mármoles arriba, en busca del puente sobre el Guadalmedina, para cruzarlo y meternos en el centro de Málaga.

Como muchos otros días, siendo yo aún pequeño, mi padre aprovechaba los días de fiestas o los fines de semana para dar un paseo al solecito de la ciudad; yo ya lo intuía de antemano, y ese día me levantaba nervioso, con unas ganas locas de pasar ese rato con él, y por supuesto, de tomarme el chocolate con churros al que me invitaba en Casa Aranda, el bar más conocido de Málaga para tomar churritos.

Era un día mágico; no tenía nada especial, pero estaba con mi padre, me paseaba con él, me hablaba de fútbol, desayunábamos juntos y luego continuábamos nuestro paseo hasta llegar al Parque y sentarse en él tranquilamente leyendo el As mientras yo correteaba a su alrededor o me deslizaba por el tobogán….

Y si hay algo que recuerdo de aquel paseo, era cuando pasábamos junto a la Ermita de Zamarrilla; yo simplemente le echaba una mirada de reojo, aún sin el conocimiento necesario para saber su leyenda o ser devoto del Cristo de los Milagros o la Virgen de la Amargura, las imágenes de la que son titulares. Pero había algo que me atraía en aquella silueta blanca que se recortaba entre los pocos edificios que aún habían a su alrededor; en aquellas campanas que repicaban cada hora y que resonaban por ese barrio tan acogedor, tan de pueblo, como es mi barrio: la Trinidad…. miraba a su interior y allí al fondo veía esas imágenes que luego siempre desfilaban en el Jueves Santo por las calles de Málaga, tan solemnes, tan queridas por todo un barrio….

Algo fue creciendo en mí desde aquellos paseos. ¿Devoción? No, quizás no. Pero sí admiración, y cariño… mucho cariño… durante 17 años estuve acompañando a esa imagen, al Cristo de los Milagros llevándolo sobre mis hombros cada Jueves Santo; llevando en mi corazón clavado, aquella rosa blanca que se tornó roja en el pecho de María Santísima de la Amargura, como en la leyenda del bandido que le dio nombre a la Ermita y a su Virgen… la Virgen de Zamarrilla.

►► Su leyenda

Esta leyenda no sólo me acompañará y la recordaré siempre, como cuando me la contó mi padre una vez, sino que acompaña a todos los vecinos del barrio. Pasearos por la Trinidad, pasearos por el Perchel, deteneos en cualquier tienda, en cualquier rincón, en cualquier portal, y cualquier vecino os podrá contar las líneas que a continuación os transcribo y que ojalá algún día yo le cuente a mis niños…

Era Juan Zamarrilla un famoso bandido de Igualeja, en la Serranía de Ronda. Corría el año 1800, durante el reinado de Carlos III. Sus andanzas corrían de boca en boca; sus robos, sus delitos al frente de sus 50 hombres, de gustos caros y buenos caprichos, pero generoso y entregado a los pobres. De cada robo una parte la repartía entre los pobres de cada pueblo, y así su leyenda fue aumentando haciéndose cada vez más querido y admirado. Su audacia crecía, e incluso sus tropelías ya llegaban casi hasta los límites de la capital, Málaga. Decidieron capturarlo, y mandaron en su busca a una partida de soldados. Pero nadie los ayudaba, y no los encontraban.

Pasó el tiempo, y finalmente cerca de Antequera consiguieron acorralarlo. Muertos todos sus hombres, sólo Juan Zamarrilla quedó vivo. Huyendo se topó con una ermita en el monte. Dentro estaba María Santísima de la Amargura, la imagen que hoy se procesiona en Málaga. Los soldados rodean la Ermita, Zamarrilla se encierra dentro… desesperado y devoto como era, se postra frente a la Virgen, y con lágrimas en los ojos le pide su perdón y su ayuda. Cuando ve que están a punto de entrar, el bandolero se oculta bajo el manto de la Virgen, muy pegado a ella. Los soldados entran… pero no lo encuentran.

Después de un buen rato, extrañados por el misterio, se marchan, y allí queda, libre y a salvo Zamarrilla. El bandolero sale de su escondrijo, se acerca a la Virgen, la mira con ojos de agradecimiento, y saca de su zurrón lo único que en ese momento ya le quedaba: una rosa blanca. Cogiendo su propio puñal, lo clava con la rosa en el pecho de la Virgen, y entonces, atónito y con lágrimas en los ojos, asiste al milagro: la rosa blanca se tiñe en roja.

“Los lindos pétalos blancos

que armiño y nieve semejan

se han teñido de carmín

cual si tintado se hubiera

con la sangre que María

vierte por las culpas nuestras”

Arrepentido, el bandolero ingresa como monje y vive dedicado a los pobres, pero cada año, en aquel mismo día sube hasta la Ermita a depositar su ofrenda de una rosa roja. Pero un día, mientras pedía por los caminos, llevando esa rosa roja en la mano, es asaltado por otro bandido. Zamarrilla, ya viejo, pero aún con sus fuerzas, se enfrenta a él, pero sin poderlo evitar, recibe una puñalada mortal del bandido.

Zamarrilla cae en tierra, y antes de morir, ve como antes sus ojos se le aparece la Virgen de Zamarrilla que le abre las puertas del Cielo… cuando levanta de nuevo su rosa roja para dársela a su Virgen, la rosa roja se torna blanca…

Virgen de la Amargura, Zamarrilla

►► La historia de la Ermita

La Ermita de Zamarrilla, situada en la calle Mármoles de la capital, Málaga, data del siglo XVIII. Era costumbre de la zona rezar cada noche el Santo Rosario. En 1750, Antonio Barranquero, su principal impulsor, obtuvo pidiendo por los caminos y pueblos, las donaciones suficientes como para reunir en un templo esta devoción, y así en 1757, en la línea divisoria de lo que hoy son los barrios de la Trinidad y el Perchel, se colocaron las primeras piedras de esta Ermita. En 1788 el Obispo de Málaga otorgó los autos necesarios como para crear la primera constitución de la Corporación. En 1792, y mientras se construía un camarín donde rendir culto, se descubrió una imagen que pasó a ser la titular de la Ermita. En 1849, por primera vez se la sacó en procesión por Málaga. En mayo de 1821 se instituyó la Hermandad de los Dolores, y fue en 1922 cuando ingresó en la Agrupación de Cofradías, pasándose a llamar la dolorosa María Santísima de la Amargura. Fue cuatro años más tarde, cuando por primera vez se procesionó junto a la Virgen un Cristo. El Cristo de los Milagros que actualmente se procesiona es obra de Francisco Palma Burgos, uno de los imagineros más famosos que hay en Andalucía, y data de 1938. No obstante, la imagen actual de la Virgen es de 1934, cuando la Hermandad compró la talla que durante tanto tiempo se había devocionado en la comarca antequerana… y es esta imagen la que tanto fervor levanta, por su mirada triste, por sus ojos alzados al cielo, por su dolor, por su sentimiento, y sobre todo, por su leyenda…..

►► La Ermita

El edificio en sí es muy austero. De fachada encalada, planta alargada, y con un campanario en su frontal que es su santo y seña. La Ermita se compone de dos salas cuadradas, una a continuación de la otra, de distinto tamaño, donde se rinde el culto, y de una capilla redonda al fondo, donde las Sagradas Imágenes reposan.

Si alguna vez venís por Málaga a ver la Semana Santa, no dejéis de asistir al encierro de esta Cofradía, pues viviréis en primera persona el fervor y el cariño de todo un barrio que se echa a la calle, al grito de “Guapa guapa” mientras los sones de la banda de música redoblan por todas sus calles al ritmo de la marcha “Amargura”, y mientras a lo largo de toda calle Mármoles, se oyen saetas desde sus balcones…

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Categorias: Semana Santa de Malaga


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