Eduardo Ocón Rivas, biografía de un ilustre músico malagueño

Recinto Eduardo Ocón de Málaga
Aún recuerdo aquellos años escolares, muchos años atrás, cuando en la despedida y cierre del curso, se celebraba la consabida fiesta y entrega de premios al alumnado en el recinto Eduardo Ocón, en el Parque. Jamás, por aquel entonces, nadie se detuvo a explicarnos quién era aquel ilustre personaje que daba nombre a uno de los más populares recintos de nuestro centro de Málaga, más popular que vistoso, bien sea dicho.

Dudo incluso que muchos malagueños sepa quién es ni por qué se le dio nombre a ese lugar que, incluso, durante años estuvo abandonado y dejado a la mano de Dios para el disfrute noctámbulo de fiesteros y demás gente que convertían el lugar en un sitio, cuando menos, no recomendable para pasear. Ahora, por suerte, se ha mejorado, e indudablemente el notable lavado de cara que se le ha dado al centro de Málaga y a las cercanías del Puerto, sobre todo, desde la construcción del nuevo centro comercial Muelle Uno, ha favorecido que el sitio luzca de otro modo.

Es una pena, como decía, que nuestro patrimonio cultural, el legado de tantos malagueños que pasearon el nombre de nuestra ciudad más allás de nuestros límites provinciales, se pierda, y que generaciones venideras dejen de reconocer la labor de estos nombres ilustres de Málaga.

Eduardo Ocon

Eduardo Ocón Rivas fue y es uno de los más famosos músicos y compositores que ha dado Málaga.

Nacido el 12 de enero de 1833 en Benamocarra, en nuestra Axarquía malagueña, comenzó con solo siete añitos a mostrar ya sus dotes musicales como seise de la Catedral de Málaga. Con D. Mariano Reig, maestro de capilla de la catedral por aquel entonces, estudió solfeo, armonía, contrapunto, fuga y composición, además de técnicas de piano y órgano.

Allí estuvo hasta 1848 cuando el cabildo catedralicio lo nombró “ministro de coro”, aunque poco después acabara por renunciar al puesto para crecer en el ámbito musical fuera de la doctrina eclesiástica. Comenzó así a actuar tocando el órgano en diferentes iglesias de la provincia, a impartir clases musicales y a organizar actividades líricas.

Como 21 años obtuvo mediante oposición pública la plaza de segundo organista de la Catedral de Málaga, puesto en el que permanece durante trece años, hasta 1867, y donde adquiere una mucho mayor fama. Comienza además en este tiempo a componer, siendo sus tres primeras obras Motete al Santísimo (1854), Motete en Honor de la Inmaculada Concepción de María (1856), y Quam Pulchri Sunt (1856).

Después de varias obras más, compone al fin su famoso “Miserere“, para soprano, tenor y bajo y con orquesta, considerada su mejor producción religiosa, y poco después, la “Rapsodia Andaluza nº 9“, su mejor obra para piano, instrumentada también para orquesta.

Su salto definitivo lo dio en París, adonde marchó durante tres años y donde tuvo la posibilidad de contactar con grandes personalidades de la música en aquella época, aunque vuelve a Málaga en el año 1870, cuando se casa con Ida Borchardt, de apellido también conocido en la ciudad.

Apenas un año después dirige la Sociedad Filarmónica de Málaga aunque con la condición de crear bajo su mandato una escuela de música. Durante diez años impartió clases en ella con tanto éxito que finalmente se decide convertirlo, en el año 1880, en conservatorio bajo la autorización la entonces Regente María Cristina. Queda así designado el nombre del que es nuestro actual “Real Conservatorio María Cristina”.

Tras tantos años dedicados al auge y desarrollo de la música en nuestra ciudad, Eduardo Ocón falleció en Málaga, por una gripe, el 28 de febrero de 1901.

Foto principal del recinto vía Tyk

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