Ruta turística por Archidona

Archidona

Lo primero que llama la atención de Archidona es el conjunto monumental que se yergue sobre lo alto del cerro que domina la ciudad. Una estrecha y zigzagueante carretera permite alcanzar la cumbre, y al llegar, el viajero se da enseguida cuenta de que en ese espacio de terreno se superpone toda la historia de la ciudad malagueña.

Sobre los restos de un fortín romano, los árabes levantaron una fortaleza con tres cinturones de murallas, de los que quedan en pie dos. El arranque de la obra se sitúa en el siglo IX, pero 400 años antes después, el rey nazarí Alhamar ordenó ampliar las defensas y reedificar el castillo.

En los años setenta del pasado siglo se restauró la puerta del Sol, que permite hacerse una idea de la capacidad de resistencia que tenía el conjunto. En su interior existía toda una ciudad, hispanomusulmana, incluida la vivienda del gobernador y la mezquita aljama.

Sobre esta mezquita, pero sin destruírla, los conquistadores cristianos levantaron un nuevo templo, la ermita de Gracia, un deleite para los sentidos por lo que tiene de viaje en el tiempo. De vuelta a la llanura, conviene detenerse un buen rato en el casco histórico para ver, entre otras cosas, la plaza Ochavada, una obra arquitectónica correspondiente a la ampliación, saneamiento y alcantarillado que la ciudad vivió en el siglo XVIII.

De sus inmuebles civiles destaca el edificio de la Cilla, un antiguo pósito de grano del siglo XVI perteneciente al duque de Osuna, que se ha reformado para albergar el ayuntamiento. De los religiosos, la iglesia de Santa Ana, la primera que se construyó en 1505 cuando la villa se trasladó al cerro del cerro de la fortaleza a su actual emplazamiento. Es de estilo gótico tardío con grandes influencias barrocas y fue prácticamente rehecha en el siglo XIX.

También debemos destacar la iglesia de las Monjas Mínimas, otra antigua fundación, en este caso de 1551, aún habitada por la comunidad monacal. Tiene portada y retablo barrocos y una característica torre poligonal de ladrillo rojo en estilo mudéjar, aunque en realidad es una obra del siglo XVIII. Las monjas mantienen un obrador de dulces famoso en todo el pueblo.

Foto Vía: landahlauts

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