Pero tú duras, nunca desciendes, y el mar suspira
o brama, por tí, ciudad de mis días alegres,
ciudad madre y blanquísima donde viví, y recuerdo
angélica ciudad que, más alta que el mar, presides sus espumas.
Allí también viví, allí, ciudad graciosa, ciudad honda.
Allí, donde los jóvenes resbalan sobre la piedra amable,
y donde las rutilantes paredes besan siempre
a quienes siempre cruzan, hervidores en brillos.
Allí fui conducido por una mano materna.
Acaso de una reja florida una guitarra triste
cantaba la súbita canción suspendida en el tiempo;
quieta la noche, más quieto el amante,
bajo la luna eterna que instantánea transcurre.
Por aquella mano materna fui llevado ligero
por tus calles ingrávidas. Pie desnudo en el día.
Pie desnudo en la noche. Luna grande. Sol puro.
Allí el cielo eras tú, ciudad que en él morabas.
Ciudad que en él volabas con tus alas abiertas.
(Vicente Aleixandre. Sombra del paraíso. 1944)
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ya mismo te veo como ungran poeta,
Comentario por carmilemoaunque no es tuya la poesia,tú te estas acercando a ser uno
18-06-2007 @ 4:11 pm