Málaga en la Prehistoria

Más de un millón de años va a tardar el descendiente evolutivo del primer hombre en alcanzar el sur peninsular. En esa época, la especie humana da los primeros pasos para salir del primitivismo original. Erguidos, comienzan a dominar el fuego, y es esa posesión de la naturaleza la que los lleva a explorar los continentes vecinos al africano.

Los primeros testimonios documentales se encuentran en los enclaves de Cúllar Baza (Granada) y en el Puerto de Santa María (Cádiz). Des allí se vieron atraídos por los naturales recursos de los valles de Málaga. Así, en el Valle del Guadalhorce se encuentran las primeras herramientas rudas, en tierras del término municipal de Archidona. De allí, se desplazaron hacia la conocida Fuente de la Yedra. No obstante, se conservan pocos vestigios de estos primeros pasos en tierras de Málaga; vestigios que, por otro lado, se conservan en el Museo Arqueológico de Málaga.

Málaga no se escapa del rigor de la nueva ola de frío que sacude al mundo. Sus tierras dejan de ser , poco a poco, el cálido refugio al que se habían acostumbrado. Sin embargo, un nuevo individuo se prepara para hacer frente al reto. Con una fuerte complexión y una capacidad cerebral superior, entra en escena el hombre de Neandertal. Rudo, de corta estatura, largos brazos, con una voluminosa cabeza, cejas pobladas… éste es el hombre que se apodera de nuestro espacio, desde Cuevas de San Marcos y Archidona, hasta Torremolinos, y desde Alcaucín hasta Benaoján. Precisamente, en Alcaucín, en 1982, se hizo el descubrimiento más popular: los restos de una mandíbula perfectamente conservada.

Y así, el Neandertal desapareció para dar pie al hombre de Cro-Magnon, alto, con un cráneo esbelto, frente despejada, nariz alargada, y mentón prominente. Su presencia se nos revela claramente en posiciones más cercanas a la costa: desde Cuevas del Bajondillo en Torremolinos, pasando por los cantales de La Araña, y por la Cueva de La Victoria y el Higuerón en el Rincón de la Victoria, hasta desembocar en las Cuevas de Nerja, la mayor muestra arqueológica del Paleolítico malagueño.

El fin de la era glaciar trajo mayores posibilidades a aquéllos habitantes. El nuevo clima fomentó el desarrollo de praderas y bosques, y con ello, la posibilidad de cazar y pescar. Punzones y redes de aquélla épocas se han encontrado tanto en la zona de La araña como en las Cuevas de Nerja. Esta nueva situación permitió al hombre vincularse al territorio, en una creciente tendencia al sedentarismo, y así con ellos, se favoreció el desarrollo de la agricultura y la ganadería.

Los grupos neolíticos desarrollan la riqueza ganadera, complementándolas con pequeñas explotaciones agrícolas, de ámbito familiar. La división pro sexos del trabajo va a inclinar la economía doméstica hacia la comunal, dando lugar a la primera aparición de la estructura artesanal. La innovación más evidente es el uso de la cerámica, así como el uso del sílex y el hueso. Surge a partir de ahora, una verdadera economía del ocio. Los pastores seminómadas malagueños se convierten en campesinos sedentarios, agricultores y ganaderos estables. La vinculación con el territorio busca nuevas fórmulas y aparecen las primeras manifestaciones monumentales: los grandes sepulcros megalíticos, presentes por toda la Serranía de Ronda, como los del Gastor, Montecorto en Montejaque o los de Alpandeire. La desigualdad entre los medios que poseían y los resultados obtenidos representa la expresión final del esfuerzo y de la necesidad de cohesión de las sociedades comunitarias, aquellas que recibieron el conocimiento de la metalurgia, explotando los primeros filones de cobre de la provincia de Málaga.

Y así se entró en la Edad del Bronce, cuyo sector más documentado es la cabecera del valle del río Vélez, que pudo servir como nexo entre los lugares de abastecimiento de metales emplazados en los Montes de Málaga. Cerro Alcolea, en Periana, Colina de los Asperonales en La Viñuela; Peña de Hierro en Benamargosa, y Cerro de la Negreta en Alcaucín, son muestras de asentamientos de esta época.

Hacia los últimos siglos del segundo milenio anterior a nuestra era, nuevos asentamientos empiezan a aparecer en Almogía, Archidona, Ardales… La formación de la cultura tartésica va a dar una nueva proyección a Málaga, quien se convertirá en la antesala del comercio en la Baja Andalucía.

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Categorias: Historia


Comentarios (1)

  1. efe dice:

    no hay mucha información sobre lo que busco

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